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La Prehistoria engloba toda lo ocurrido a nuestra especie desde su aparición hasta la invención de la escritura, hace unos 5000 años. Es una época dividida en dos grandes periodos, la Edad de Piedra, donde el ser humano aprendió a fabricar herramientas utilizando la piedra y la Edad de los Metales, donde aprendió cómo trabajar y dar forma a los metales para elaborar herramientas más complejas. Dado que no tenemos testimonios escritos de este tiempo, la ciencia más importante en el estudio de la Prehistoria es la Arqueología, la cual estudia las sociedades humanas y su evolución mediante los restos que éstas dejaron. Por supuesto, la Arqueología también sirve para averiguar cosas sobre épocas posteriores, pero en la Prehistoria adquiere un protagonismo mayor debido a la inexistencia de documentos escritos. Dentro de las dos grandes eras, encontramos también otras divisiones más cortas en el tiempo. La Edad de Piedra se divide a su vez en el Paleolítico, durante el cual el ser humano era todavía nómada; el Mesolítico, que fue una época de transición durante la cual algunas tribus empezaron a conocer la agricultura y a crear poblados; y el Neolítico, durante el cual todas las sociedades eran ya sedentarias y dominaban la agricultura y la ganadería. Por otro lado, la Edad de los Metales está dividida en la Edad del Cobre, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. Estos tres metales fueron muy importantes en sus respectivas épocas por sus características de dureza y maleabilidad, y fueron sustituidos uno por otro (el cobre por el bronce y el bronce por el hierro) cuando nuestra especie aprendió cómo trabajar con ellos.

La paleontología como ciencia: sus técnicas

La paleontología es una ciencia íntimamente emparentada con la biología y la genética. Su objeto de estudio son los fósiles, es decir los restos de animales y plantas de la prehistoria que han sido preservados por las condiciones naturales de su entorno y hoy son descubiertos y estudiados, con la finalidad de descifrar la línea de la evolución de las distintas especies terrestres.

La paleontología dispone de determinadas técnicas cuya finalidad es limpiar y restaurar los restos encontrados, para mejorar su preservación. Para ello recurre a métodos mecánicos y químicos. El más empleado es la limpieza por presión a través de chorros de pequeñas partículas, que funciona de la misma manera que una limpieza con chorro de arena. De esta forma, las piezas o sopleteadas con un gas (dióxido de carbono, nitrógeno o simplemente aire comprimido) que tienen suspensión partículas muy pequeñas de polvo abrasivo que limpia la superficie de los huesos de manera muy efectiva.La paleontología como ciencia: sus técnicas 23 1 2012 300x213

Otra manera de separar los residuos de la pieza que se quiere preservar es por medio del calentamiento brusco. Esta técnica se basa en la diferente dilatación de las sustancias, por lo cual, la capa que se desea eliminar, se desprende de manera bastante limpia. También, cuando el tamaño de las piezas así lo requiere, el paleontólogo recurre a técnicas de percusión y desbastado, ya sea de forma manual o por medio de herramientas que permiten golpear con precisión los restos de roca adheridos a la pieza, y así desprenderlos.

Los métodos químicos se basan, mayormente, en la limpieza con un detergente o un agente limpiador, que en ocasiones se refuerza con agua oxigenada. Otros químicos más abrasivos también pueden ser empleados como el ácido nítrico o clorhídrico. La química le otorga una gran cantidad de herramientas al paleontólogo que a trabajar con esos restos fósiles tan valiosos, preservando los de la mejor manera.